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Torturas Urbanas

Don Carlos y su señora Josefina, un matrimonio que ya pasa los 80 años, han vivido en una misma calle por los últimos 60 años. La pandemia les ha mantenido encerrados por más de un año. No les ha faltado nada, sus hijos y nietos están permanentemente preocupados de ellos, sin embargo, el encierro ya causa estragos a nivel emocional. Un día observando por una ventana, les impacta la llegada a su tranquila calle de una pala mecánica y una grúa que comienzan a retirar los adoquines y destruir el cemento de la vereda. No pueden más que constatar como el “jardincito” que cultivaban entre la solera y la vereda ha sido completamente arrasado por la pala mecánica. Habrían deseado trasplantar alguna de las plantas que tanto cuidaban y replantarlas al interior de su patio. El hermoso árbol que le daba sombra a su jardín en el verano también ha sido arrancado de raíz. Se trata de un proyecto de pavimentación “participativa” del sector, que incluso fue acordado con la junta de vecinos antes de la pandemia. Ahora que constatan este nivel de destrucción de la naturaleza de su calle, se dan cuenta que el proyecto no era tan urgente y que perfectamente, el inicio de las obras podría haber esperado hasta que la vida vuelva a ser un poco más normal en el barrio. Posibles situaciones como éstas podrían estar ocurriendo en diversos lugares del país. Un proyecto de esta naturaleza necesita interacción permanente con la comunidad involucrada, bajo la situación de emergencia que vivimos tal interacción se ve imposibilitada. Entonces, surge la gran pregunta ¿deberían tales proyectos colectivos ser ejecutados estos durante un período de restricción como el que estamos viviendo? Se trata de proyectos que intrínsecamente necesitan la participación de la gente en cada minuto, porque cada día surge una nueva dificultad que no se visualizó antes del diseño. Lo más lógico es suspender su inicio.

 

Cuando en el proyecto no han participado arquitectos que son los profesionales encargados de mantener el sentido urbano, que se especialistas que preocupan de analizar quiénes son las personas beneficiadas o perjudicadas en cada sector de una calle, el resultado simplemente, puede ser una situación que degrade significativamente el estado de cosas antes del proyecto. Las autoridades deben considerar que proyectos con participación colectiva no pueden ser llevados a cabo cuando una de las partes está imposibilitada de participar, parece una verdad de Perogrullo, sin embargo, las autoridades han tenido poco cuidado en la realización de este tipo de proyectos en la ciudad. Se necesita usar un máximo de creatividad para mantener el vínculo, sea a través de reuniones considerando el aforo necesario, o bien, usando la tecnología disponible, colocando cámaras en el lugar de las obras para que la gente pueda observa desde sus casas y en sus propios computadores lo que está ocurriendo en cada momento. Hoy en día, estas soluciones tecnológicas son de muy bajo costo en relación con el volumen de este tipo de inversiones.  El riesgo principal, es que se destruya la belleza de las calles de la linda ciudad de Concepción

Uno de tales proyectos se lleva a cabo en la actualidad en la Avenida Inglesa de Concepción, una calle que lleva el nombre de Avenida pero que, en realidad, es una calle que comienzan Pedro Valdivia y termina en unas pocas cuadras después en la falda del cerro. Hoy día, ya se puede observar el impacto ambiental que ha generado un proyecto de pavimentación participativa en el cual prácticamente uno de los lados de la calle se ha transformado en una alfombra de cemento sin vegetación. El proyecto considera la destrucción del área verde más importante porque pretende retirar dos hileras de árboles hermosos. Hago un llamado a las autoridades involucradas del Ministerio de Vivienda y Urbanismo y al alcalde de la ciudad para que pongan atención en este tipo de destrucción ambiental. Esto es especialmente, delicado durante este periodo de pandemia debido a que los usuarios principales y potencialmente afectados por el proyecto están sin posibilidad de reunirse adecuadamente. 

 

La tala indiscriminada de los árboles urbanos tiene los días contados. En el Congreso de la República de Chile ya se encuentra en evaluación un proyecto que ha sido diseñado para proteger todos los árboles que están ubicados dentro de las ciudades. El proyecto de Ley del Arbolado Urbano regula la poda, tala, extracción, y modificación de árboles que se encuentren dentro del radio urbano. Una vez que sea aprobada y promulgada, acciones arbitrarias de empresas que pavimentan las calles, de empresas eléctricas que se preocupan solamente con el trazado de los cables en el momento de las podas y talas, tendrán que considerar este aspecto en sus acciones. También, la ley impedirá acciones indiscriminadas de personas que a su antojo deciden eliminar árboles de su barrio. Con esta ley, cualquier proyecto urbano que se realice en la ciudad deberá tener en cuenta prioritariamente la vegetación existente antes que el proyecto sea siquiera ideado. Asimismo, permitirá que las zonas verdes tengan un crecimiento planificado y organizado por entidades que cuentan con los especialistas para seleccionar el trazado de las especies, así como elegir la más apropiada para cada sector de la ciudad. A fin de cuentas, el beneficio es invaluable, pasar la vida en una ciudad más bella y mejor cuidada por las personas que la habitan. Aunque la ley aún no ve la luz en el Congreso, las empresas y las autoridades desde ya deberían actuar de acuerdo con los principios ambientales en las ciudades.

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